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Be Eco: La historia de los envases que se convierten en abono

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La firma que busca reducir la utilización de plásticos de un solo uso iniciará en marzo una ronda de inversión por US$ 400 mil para levantar una cafetería que recibirá descartes orgánicos para ser compostados.

Un documental, tres años viviendo en Australia, un viaje por el Sudeste Asiático y su interés por el medio ambiente. Esa fue la mezcla que originó la preocupación que llevó al ingeniero comercial Ignacio Varela a meditar sobre la contaminación del plástico. A su vuelta a Chile, en 2018, decidió pasar a la acción, a través de un tipo de envases que conoció en Oceanía: creados en base a almidón de maíz y que tras un proceso de descomposición que dura 12 días, se transforman en abono. ‘Pensé que si se podían usar allá, ¿por qué no en Chile? La mitad del plástico de un solo uso termina en el mar, probablemente eso se lo come un pescado y luego una persona’, advierte Varela, quien en 2018 fundó Be Eco.

Con capital propio y un crédito bancario, el ingeniero comenzó su transformación a emprendedor y encargó un primer contenedor con 3,5 toneladas de los envases, desde bowls, vasos de café y bombillas, provenientes de Taiwán, China y Escocia. El envío tardó 28 días, y ese fue el tiempo que Varela tuvo para comenzar a convencer a sus primeros clientes, que eran restaurantes. ‘En ese momento estábamos dando solución a 3,5 toneladas de plástico de un solo uso. Empezamos a hablar con los clientes para ver qué envases usaban y con qué frecuencia, en un principio nos topamos con problemas relacionados al costo, ya que esto es más caro’, recuerda. Tras las negociaciones iniciales, consiguió cerca de 20 clientes.

A esto se sumó lo que en ese momento Varela consideraba un puntapié para el emprendimiento: una ordenanza de la Municipalidad de Providencia que prohibió los plásticos de un solo uso en la comuna. Una norma que sigue vigente, pero que según Varela no ha logrado generar todo el impacto esperado. ‘Entre el estallido social y la pandemia, ayudó a que más empresas se sumaran, pero después se truncó, nadie está fiscalizando’, dice. En esa línea, su llamado es a que los consumidores sean más exigentes: ‘Es fácil mandar un comentario al delivery diciendo que no se quiere tanto plástico. Con la pandemia, nos estamos dando cuenta de esto’.

De todos modos, Be Eco fue ganando terreno y a la fecfa ha permitido que se ahorren 25,6 toneladas de plástico de un solo uso.

En 2020, y en respuesta a sugerencias de sus clientes, Varela sumó un nuevo modelo de negocio que hoy los diferencia: se hacen cargo de la gestión de los envases usados, logrando la economía circular de estos desechos. ‘Nos empezaron a decir ‘¿qué hago con este envase?’, porque se biodegrada en 12 semanas, pero en una planta de compostaje; si no llega y termina un vertedero, cumple el mismo proceso de la madera, que son como tres años. El ideal no se estaba cumpliendo. Empezamos a ver que no había empresas de nuestro rubro que ofrecieran la opción de retirar y llevar los envases para cumplir el ciclo’, dice el ingeniero comercial.

Así, hoy ofrecen el servicio de gestión de los residuos mediante un plan mensual por litros de basura retirada, que es una mezcla de los desechos orgánicos del restaurante y los envases. Estos descartes son trasladados a una planta de compostaje en Pudahuel. La tierra resultante es comercializada principalmente a agricultores. ‘Las sobras de los restaurantes van al mismo depósito que los envases, la recolección es más sencilla y la operación interna no es tan compleja. Se entrega un certificado de trazabilidad que le dice al local los kilos de material orgánico revalorizado y las emisiones de CO{-2} evitadas. Con esto demuestran que se hacen cargo de sus residuos’, explica Varela. A la fecha ya han revalorizado 1,5 toneladas de desechos orgánicos.

Hoy, de los 80 clientes que tiene el emprendimiento, dos están suscritos al modelo de gestión de residuos, lo que buscan reforzar en 2021 (para llegar a 120 clientes en total y 15 en el retiro de desechos). Para fortalecer su expansión, el emprendimiento iniciará en marzo su primera ronda de capital privado, en la que buscan apalancar US$ 400 mil a través de fondos de venture capital e inversionistas ángeles.

Con el dinero, buscan comprar más packaging, ya que en 2020 duplicó sus ventas por el boom del delivery. También quieren instalar un proyecto en Providencia: una casa que será un punto de acopio de desechos orgánicos para usuarios finales y restaurantes. ‘Además queremos tener un showroom y una cafetería en donde se muestre que sí se puede tener un restaurante 100% eco-friendly. Ahí mismo queremos hacer un proceso de compostaje’, dice.

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